La importancia de acompañar a los/as niños/as en su aprendizaje
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acompañar a los niños en su aprendizaje

La importancia de acompañar a los/as niños/as en su aprendizaje

Aprender no es algo sencillo y, en muchas ocasiones, puede llevar a la frustración a todo/a niño/a que se atreva a iniciar sus estudios sin un correcto acompañamiento. Esta mala gestión del apoyo estudiantil puede llevar a los/as pequeños/as a un temprano descontento dentro del ámbito académico. Para evitarlo, te traemos unos hacks que te ayudarán a acompañar a los menores en su aprendizaje de la mejor forma posible.

Debes saber que acompañar a los niños en su aprendizaje es muy importante durante sus primeros cinco años de vida ya que estos son clave para que desarrollen todas las capacidades que les ayudarán a afrontar cualquier reto que la vida les presente y así conseguir desarrollarse como personas. En esta etapa es esencial que, tanto padres y madres, como profesores/as, acompañen y estimulen a los/as menores en el proceso de aprendizaje. Hasta los cinco años, los/as niños/as empiezan a conocerse a sí mismos/as y a interpretar el mundo que les rodea, por lo que nuestro apoyo y guía les ayudará a comprender su entorno y a desarrollar un pensamiento lógico más fácilmente.

Puede que pienses que ayudar a tu hijo/a a desarrollarse correctamente y estimular su capacidad analítica y académica son tareas bastante complicadas y propias de los centros educativos. Pero no es así, y además, no resulta nada difícil. Lo primero que tienes que tener en cuenta es que la estimulación no consiste en ofrecer a los/as niños/as miles de juguetes especializados y brindarles horas y horas de aprendizaje y actividades educativas. Lo único imprescindible para ayudar al desarrollo de tu pequeño/a es tu presencia. Es decir, que la herramienta más poderosa de los adultos para participar en la educación de sus hijos/as es el acompañamiento, manteniéndoles/as activos/as y motivados/as con actividades sencillas propias de su edad.

Pero, ¿Qué ocurre a partir de los 5 años hasta los 18? Durante este tiempo de transición hacia la madurez, nuestra presencia es muy importantes y nuevamente clave para lograr un crecimiento cognitivo, físico y psicológico óptimo de cara a la calidad de vida que tendrá nuestro retoño. Normalmente pensamos que, al haber comenzado el colegio, nuestro/as pequeños/as ya no necesitan tanta atención y apoyo por nuestra parte como antes, pero nos equivocamos. Tanto profesores/as como madres y padres debemos seguir con atención los progresos y estados de nuestros hijos/as, siempre buscando su felicidad y estabilidad emocional.

Entonces ¿Qué podemos hacer para que nuestros/as hijos/as sigan madurando de forma óptima y constante? Te traemos unos hacks que tanto progenitores/as como profesores/as pueden aplicar para mantener la seguridad y motivación que inculcamos a los/as pequeños/as durante sus primeros 5 años de vida y que pueden verse tambaleadas gracias a la inminente adolescencia.

Sacar el aprendizaje de las clases

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Es importante saber que el estudio y el aprendizaje no son una tarea exclusiva de las aulas y que fuera de ellas tu hijo/a puede seguir adquiriendo conocimientos interesantes, tanto en casa como en extraescolares. Para ello, pon a su alcance herramientas que promuevan su curiosidad. Por ejemplo, si muestra interés en cocinar, deja que participe contigo en la elaboración de la comida; si lo que disfruta es la música, no tengas miedo a apuntarle/a a clases o a comprarle un instrumento que sea de su agrado; y si lo que le apasiona son los videojuegos y la tecnología, no dejes que tu pequeño/a se quede horas encerrado/a en su cuarto y motívalo/a que explore este complejo mundo tecnológico apuntándole a cursos y talleres donde aprenderá a diseñar, crear y programar videojuegos y robots. Sólo tienes que dejar que, a medida que crezca, vaya buscando qué es lo que más le gusta y qué quiere aprender al margen de la escuela para que, simplemente, le proporciones las herramientas necesarias para que logre un completo desarrollo.

Contacto físico y psicológico

Cuando nuestro/a pequeño/a tiene menos de cinco años, el contacto, las caricias y los juegos se convierten en prácticas muy habituales y sencillas de llevar a cabo. Nunca sufrimos su rechazo, al contrario, el o la pequeña de la casa busca nuestra atención casi continuamente.

Pero, a medida que pasan los años, inevitablemente nuestro/a hijo/a se vuelve más independiente y requiere más contacto con menores de su edad que con nosotros. ¿Eso nos exime de pasar tiempo, jugar o mantener un contacto cariñoso con él/ella? Más bien nos exige una atención más asertiva e ingeniosa por nuestra parte.

Los temidos años de la pubertad requieren de un apoyo constante por parte de los adultos que les rodean, con el fin de mantener su autoestima y su seguridad mientras se enfrentan al mundo exterior. Una charla informal con él/ella, preocuparnos por cómo le va en el colegio y con los amigos o escucharle/a sin juzgar ni recriminar son pequeños trucos que nos permitirán mantener la confianza y la comunicación con nuestro/a hijo/a. Con estas pequeñas acciones podremos conocer cuáles son sus miedos e inseguridades y así apoyarles a la hora de trabajar en ellas.


Acompañar

Desde los primeros días de vida hasta su mayoría de edad (muchas veces incluso durante mucho más tiempo) el acompañamiento a los niños en su aprendizaje se convierte en una pieza clave para el desarrollo del/a menor. Esto no es más que ofrecer la seguridad necesaria a nuestro/a hijo/a para que tenga la certeza de poder experimentar o hacer cosas solo/a gracias al convencimiento de contar con nuestro apoyo y ayuda absoluta.

Eso sí, debe quedarnos claro que acompañar no significa estar constantemente encima de nuestro peque. Su función es más bien psicológica. Consiste en ofrecerle un voto de confianza y darle espacio para que pueda experimentar la vida por sí mismo/a y así aprenda a decidir la manera de descubrir e interaccionar con el mundo que le rodea. Algo que hará con mucha más seguridad si sabe que nuestra mano siempre estará ahí para ayudarle/a y apoyarle/a.

A medida que crezca, conviértete en un punto de referencia al que podrá recurrir cuando no consiga resolver algún problema por sí mismo. Pero, debes saber, que es imprescindible ir aumentando la distancia con el paso de los años, con el fin de enseñarle lo que realmente significa ser autosuficiente y responsable. Aunque, como padres y madres, nunca dejaremos de recordarles que siempre nos tendrán de forma incondicional y que estaremos ahí para cualquier cosa que necesiten. Es lo que hay.

Frustraciones vitales

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Todos queremos que nuestro hijo/a sea el/la mejor en todo lo que se proponga, pero eso es imposible. La libertad de poder decidir qué quieren hacer y como dedicar su tiempo trae consigo, inevitablemente, épocas de frustración y de inseguridad. No todo en la vida sale bien, y eso es lo que aprenderán a medida que abran su mundo y se adentren en lo desconocido. Estos momentos son muy importantes para el desarrollo emocional de nuestro/a pequeño/a, ya que son una buena oportunidad para ayudarles/as y enseñarles/as a gestionar correctamente sus sentimientos. Así, tu hijo/a aprenderá a salir del bache con más ganas de seguir y mejorar o con la determinación de buscar otra actividad que le guste y más acorde a sus habilidades. Aquí entra de nuevo la escucha activa y la comprensión, que se convierten en puntos clave para tratar estas frustraciones vitales nuevas para tus pequeños/as. Recuerda, cuánto más mayor sea nuestro retoño, más dosis de estas herramientas deberemos utilizar.

Controla las exigencias

Creemos que nuestro/a hijo/a, al ser nuestro/a, le gustará y se divertirá con las mismas actividades que nosotros disfrutábamos cuando eramos pequeños/as. Algo completamente falso. Tu pequeño/a es una persona diferente y desea cosas diferentes, por lo que sus gustos pueden no coincidir con los tuyos. No debemos vernos reflejados/as en nuestros/as peques y querer que recorran el camino que nosotros/as no pudimos recorrer, tienen su propio camino y tienen escogerlo ellos/as.

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Concentración y responsabilidad

No todo pueden ser juegos y diversión. A medida que crezcan, es importante que, además de su momento de ocio, cuenten con obligaciones a cumplir dentro de un plazo de tiempo y seamos nosotros los que les acompañemos en su aprendizaje. Estas pequeñas tareas, que abarcan desde hacer los deberes hasta ayudar en casa, son básicas para conseguir que nuestro/a hijo/a aprenda a poner en marcha herramientas internas que le ayudarán a concentrarse y centrar así su atención en la tarea que está realizando en ese momento. Es algo que debe hacer solo/a y conseguirá superarlo mediante la práctica, mientras madura y comienza a adquirir mayores responsabilidades.

Algunos posibles ejemplos de responsabilidades propias serían: hacer su mochila para el cole, apuntar sus tareas en la agenda, hacer su cama, estudiar para los exámenes, poner la mesa… Debe ir adquiriendo más competencias poco a poco, con el fin de que aprenda que esas tareas son su completa responsabilidad y que, el no llevarlas a cabo, trae consecuencias. Por ejemplo, si se olvida el bocadillo en casa aprenderá a que sus actos y despistes traen resultados negativos para él/ella.


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